En 1959, la KGB le cedió esta
fotografía al diario Pravda, con el fin de alertar a la población de San
Petesburgo sobre los terribles Nicolay Petrov (32) y Alexey Ivanov (26), a
quienes venían rastreando desde hacía tres años. A diferencia de otros criminales
sexuales, estos dos individuos, tenían la ceremonia de abusar sexualmente de
sus víctimas, pero únicamente después de asesinarlas. Según el informe adjunto
a esta foto, los criminales poseían habilidades que los hacían extremadamente difíciles
de capturar. Habilidades paranormales, como por ejemplo (y esto figura en los archivos
originales, firmados por más de veinte testigos oculares, entre los cuales
había cinco agentes de la KGB): Volar hasta diez metros de altura, o correr a
velocidades de sesenta y hasta ochenta kilómetros por hora.
Nicolay y Alexey habían crecido en
el seno de un clan de Gitanos circenses que tenían la tradición de fornicar con
animales muertos para obtener poderes sobrenaturales y así realizar increíbles
hazañas en cada función. Cuando fueron expulsados de la comuna por robar, ambos
colegas decidieron llevar aquella práctica un poco más lejos; comenzaron profanando
cementerios, y nutriéndose de los esfínteres podridos de los cadáveres. Luego
fueron por más, y llegaron a asesinar a más de un centenar de personas, para
luego violarlas.
En 1962 fueron cercados por la
policía rusa en Vyborg, cerca de la
frontera con Finlandia. Ambos recibieron más de cuarenta disparos, y aun
seguían en pie. El primero en caer fue Alexey, con más de sesenta proyectiles
en el pecho. Nicolay siguió revolcándose aun después de recibir cien balazos,
solo un tiro de gracia en la cabeza logró matarlo.
Martín Kaos



