El contenido de éste blog no pretende ser racional. La mayoría de los textos publicados son producto de la improvisación del autor; quién no se responsabiliza por los daños morales que puedan producir sus divagues literarios.

domingo, 16 de junio de 2013

Fábulas del crimen: "Super Asesinos"

 
En 1959, la KGB le cedió esta fotografía al diario Pravda, con el fin de alertar a la población de San Petesburgo sobre los terribles Nicolay Petrov (32) y Alexey Ivanov (26), a quienes venían rastreando desde hacía tres años. A diferencia de otros criminales sexuales, estos dos individuos, tenían la ceremonia de abusar sexualmente de sus víctimas, pero únicamente después de asesinarlas. Según el informe adjunto a esta foto, los criminales poseían habilidades que los hacían extremadamente difíciles de capturar. Habilidades paranormales, como por ejemplo (y esto figura en los archivos originales, firmados por más de veinte testigos oculares, entre los cuales había cinco agentes de la KGB): Volar hasta diez metros de altura, o correr a velocidades de sesenta y hasta ochenta kilómetros por hora.
Nicolay y Alexey habían crecido en el seno de un clan de Gitanos circenses que tenían la tradición de fornicar con animales muertos para obtener poderes sobrenaturales y así realizar increíbles hazañas en cada función. Cuando fueron expulsados de la comuna por robar, ambos colegas decidieron llevar aquella práctica un poco más lejos; comenzaron profanando cementerios, y nutriéndose de los esfínteres podridos de los cadáveres. Luego fueron por más, y llegaron a asesinar a más de un centenar de personas, para luego violarlas.
En 1962 fueron cercados por la policía rusa en Vyborg, cerca de la  frontera con Finlandia. Ambos recibieron más de cuarenta disparos, y aun seguían en pie. El primero en caer fue Alexey, con más de sesenta proyectiles en el pecho. Nicolay siguió revolcándose aun después de recibir cien balazos, solo un tiro de gracia en la cabeza logró matarlo.


Martín Kaos

jueves, 13 de junio de 2013

Fábulas del crimen: "El Hijo de Satanás"



   Esta fotografía fue tomada en Gotemburgo, Suecia, en el año 1901. El acéfalo es August Larsson, quien entre 1887 y 1895  mantuvo aterrorizada a toda la provincia de Västra Götaland, a raíz de una sucesión de crímenes en los que asesinó y profanó a sesenta mujeres embarazadas. 
   Larsson había nacido en el seno de una cofradía llamada: “Det Gambla Röda Huset”. Desde su nacimiento, fue criado por prosélitos de esta secta, quienes además de someterlo a terribles maltratos, lo persuadieron de que él y sus treinta hermanos, eran hijos de Satanás; y para rendirle honor a su padre, su misión en la vida, sería la de alimentarse de seres no nacidos. Esto le proporcionaría inmortalidad y poderes ilimitados. Larsson se educó prisionero en una casona aislada, no tenía contacto con nadie que no fuera de la secta, y creció pensando que todo aquello que le decían, era algo natural.
   A finales de 1886, uno de los treinta hermanos de Larsson, enloqueció, e incendió la casona en que los sectarios vivían recluidos. Todos, salvo Larsson que logró escapar del fuego, murieron calcinados. En ese momento, August contaba con 30 años, y era la primera vez que salía de la casona. El hombre que había sido formado en base a las ideas de una secta de chiflados, ahora estaba solo, y tenía una misión. 
   Larsson, durante ocho años, mató salvajemente a ocho mujeres embarazadas, les cortó el abdomen, y se comió sus fetos.
   Mientras devoraba el cadáver de su víctima número sesenta, fue sorprendido por las autoridades suecas y encerrado en la prisión de Gotemburgo. Las pruebas psiquiátricas que lo calificaban de esquizofrénico, y aconsejaban lobotomizarlo y encerrarlo, fueron pasadas por alto. La sociedad sueca estaba consternada, todo el país exigía la cabeza de August Larsson. Los jueces no titubearon un instante en condenarlo a la guillotina. Una semana después de su decapitación, ocurrieron tres crímenes más, todos perpetrados de la misma manera. 


Martín Kaos

martes, 11 de junio de 2013

Fábulas del crimen: "La Revancha"

Esta foto fue tomada en una prisión del Estado de Utah, el 11 de junio de 1937. El hombre de color al que están por ejecutar en la silla eléctrica, es Leroy Fishburne. Fishburne no era un  ladrón de bancos, ni tampoco era miembro de ninguna mafia. La única excusa que él tuvo para cometer su inenarrable crimen, fue la segregación y el hambre que padeció su familia durante la Gran Depresión. Época en que si a un lado de la báscula, un hombre blanco no conseguía un empleo, entonces al otro lado, un hombre negro debía morir de hambre.
Después de la muerte de su esposa por hipotermia, y de perder la tutela de sus cinco hijos en manos de un Estado racista y usurero, Leroy decidió tomar una sangrienta revancha: Asesinar a los hijos de quienes él consideraba culpables de su tragedia. Esto incluía a empleados del Estado, prestamistas, servicios sociales, etc.
Para atraer a sus precoces víctimas, Fishburne montó un carro de helados improvisado, en donde regalaba helados a los niños que salían del colegio.
El 16 de agosto de 1936, en la escuela primaria “Thomas Jefferson”, de Nevada, dieciocho niños, de entre ocho y doce años, murieron por ingesta de helado de vainilla con arsénico. De esos dieciocho infantes, solo había tres que eran familiares de las personas a las que Fischburne pretendía ajusticiar...  

En la foto se ve a Leroy, calmado y resignado frente a su ejecución. Jamás negó su culpa. Sus últimas palabras fueron: “See you in black hell, bastards…


Martín Kaos

viernes, 7 de junio de 2013

Fábulas del crimen "El Cazador de cabezas"

   La siguiente fotografía fue tomada en el año 1878 en Marylebone, Londres. El caballero sentado junto al mural de cabezas, era Lord Marshall III. Un hidalgo desalmado y temerario, que dedicó gran parte de su vida a la indiscriminada cacería de animales salvajes: venados, elefantes, tigres, leones, cebras, y hasta jirafas. Luego de ornamentar los altos murales de su castillo con las cabezas de más de cincuenta especies diferentes, decidió viajar a América del sur para darle un broche de oro a su colección, y de paso, “hacer honor” a sus antepasados colonizadores.

   Totalmente solo, y valiéndose de su Winchester, Marshall viajó durante meses, recorriendo la línea de sangre india que bajaba desde México hasta Argentina, matando sin piedad a decenas de Aztecas, Incas, y Mapuches. Regresó a Inglaterra en su barco, con un cargamento de cien cabezas cortadas por él mismo; muchas de las cuales clavó en el macabro muro que apreciamos en la foto. Durante mucho tiempo, Marshall organizó banquetes y se regodeó orgulloso frente a los demás miembros de la aristocracia anglosajona, haciéndoles recorrer su castillo, para que apreciasen su valor y su espíritu temerario. 
   El 7 de junio de 1891, agentes de Scotland Yard fueron alertados por la misteriosa desaparición de Lord Marshall luego de ofrecer un banquete en su castillo. Lo buscaron durante meses, cuando los agentes ya casi habían perdido las esperanzas de encontrarlo, uno de ellos, en una última recorrida por el castillo, notó que la cabeza de Marshall se hallaba clavada en el mural de las cabezas indias, maquillada con betún y con una peluca negra, que le hiciera pasar desapercibida. Luego de tomar las declaraciones de varios de los asistentes del banquete, fueron muchos los que atestiguaron haber visto entre los comensales, a un individuo que jamás habían visto en el castillo anteriormente. Este caballero decía ser cirujano, y respondía al nombre de “Jack”…



Martín Kaos

miércoles, 5 de junio de 2013

Fábulas del crimen: "Los Knox"

   

Esta fotografía fue tomada en 1887 por Arthur J. Coney. Minutos después hacer la captura, Coney fue brutalmente asesinado a puñaladas por la mujer y el hombre que posan junto al niño: Lisa y Jack Knox.
   Oliver Stone, para su controversial film “Natural Born Killers”, se habría basado en la historia de la brutal pareja de Oklahoma. Amados y odiados por ser tan feroces como simpáticos, los Knox mantuvieron en vilo a gran parte de los Estados Unidos a finales del siglo XIX.  
  El  niño parado sobre una mesa en medio de ambos, es su hijo Sam, quién presenció el crimen del fotógrafo, y participó de testigo en varios de los crímenes de sus padres. Perdió su vida un año después de tomada esta fotografía, cuando sus padres fueron acorralados por la policía en el momento en que ejecutaban a un sacerdote en Kansas. En la balacera que se produjo entre la policía y la pareja, el pequeño     Sam fue alcanzado por un proyectil en la coronilla. Hasta el momento del fatal deceso de su hijo, la pareja de asesinos elegía a sus víctimas de acuerdo a la popularidad que obtendrían por asesinarlos. Pero luego, iracundos y apenados por la perdida de Sam, comenzaron a actuar maquinalmente, matando a cualquiera que se cruzará en su camino, llegando a cargar con un prontuario de ciento diez asesinatos comprobables, entre 1885 y 1892.
   Según la declaración de Lisa Knox unos días antes de ser ahorcada frente a una multitud de fans y periodistas, en “el crimen del fotógrafo” (así se tituló esta foto, que ahora se encuentra en el museo del crimen de Texas), Arthur Coney fue advertido por ellos mismos que sería asesinado luego de tomar la fotografía. Pero éste, aun conociendo la historia de ambos, supuso que se trataría de un chiste. Supuso muy mal.
   En 1920, la fotografía de la familia Knox fue premiada con el Pulitzer Postmortem. Jack Knox logró escapar de la cárcel dos días antes de ser ahorcado. La policía jamás volvió a dar con su paradero. Su esposa no corrió la misma suerte, fue ahorcada el 5 de junio de 1895.



Martin Kaos